miércoles, septiembre 27, 2006

Ese frío que duele



Escuchar tu voz y sentirla tan fría como una mañana de invierno es algo que duele, desde el rincón más difícil del corazón hasta el alma... jamás creí que pudiera suceder, pero pasó y ese camino ya se trazó y no tenemos como enmendarlo. El único camino que se puede dar es el de la esperanza, esperanza que mantendré hasta el final y que nunca cerraré a voluntad.
Tal vez encontraste tu verdadero camino, por el que tantas veces me hablaste y por el que tantas veces esquivé, respuesta que en todo caso no tengo, pues nacen de ti.
Fácilmente podríamos llamarle “crónica de un desenlace anunciado” y creo que pensarás lo mismo, el gran problema fue que ninguno de los dos quiso hacer algo pues estábamos sentados frente a frente esperando a que sucediera... cuanto desgano y cuanta indecisión.
Ahora, cuando ya hemos probado ese amargo trago, seguimos mirándonos fríamente, pero sabiendo muy de adentro que ambos correríamos sin condición de por medio a abrazarnos y a querernos, yo a besarte como jamás lo hubiera hecho y tu a entregarme tu calor incondicional... quisiera arrancar y volver con los brazos abiertos a sostener tu cintura, apretarla y estrecharla a mi y seguir creyendo que aún es mía

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