Y pensar que me demoré 20 años en conocerla, en oírla y en admirarla... ¿quién se atreve a cuestionarla?... si nunca ha estado quieta, nunca se ha detenido en un solo camino, si siempre ha mirado para el horizonte... tan distinta pero tan cercana a la vez. Cuantas veces la he perseguido... no lo se... y de seguro lo seguiré haciendo, tal vez no físicamente, quién sabe, pero sí su voz se deja sentir muy dentro de mi.
Compañera por siempre y para siempre, sin distancia que se interponga, sin destinos que nos separe... ella, buscando a lo lejos su verdadero camino, difícil muchas veces, pero perseverante como una golondrina buscando primavera, siempre buscando el calor del sol... pero siempre volviendo a su nido, sin olvidarlo jamás, sin olvidar su origen y el calor de su madre y padre.
Para mi, no queda más que quererla y apoyarla, con la humildad que entrega un vaso de agua, simplemente con mis palabras... diciéndole lo mucho que la quiero, todo lo que la admiro y lo mucho que me hace falta.
Distancias pueden ser miles, pero nuestros corazones de seguros se tocan las manos y se entregan fuerzas y se aman... con la fuerza que da llevar la misma sangre por las venas, el mismo inicio y la misma motivación, querernos como hermanos.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario